20 Noviembre 2009
0. "Pues aun en la abundancia de la miel, con razón tiene alas la abejita, porque aprisiona y mata a la que se adhiere a ella". SAN AGUSTÍN. Epístola 15,1.
1. Alas necesita el entendimiento para no quedar atrapado en los resultados obtenidos en sus estudios e investigaciones. Sin ellas le faltaría la distancia necesaria para entender lo obtenido y poder volar a la búsqueda de nuevos conocimientos que enriquezcan y sostengan los ya obtenidos.
2. Alas necesita nuestra voluntad para poder ir más allá de sus inclinaciones y deseos. Alas para desapegarnos de las cosas que nos retienen porque las retenemos, y así se nos tornan amos, porque antes nos hemos esclavizado. Alas para poder valorar mejor lo logrado, sin hacerlo nuestro.
3. Alas necesita nuestro corazón para que los afectos no nos impidan seguir amando y acogiendo a otros prójimos. Alas para dar y recibir reconociéndose en las otras abejitas.
4. Alas necesita nuestra memoria para elevarse sobre lo vivido y perdonar y perdonarse lo que en ella rechina como pieza desencajada.
5. Alas necesita nuestro espíritu para sentir que si vuela a la resistencia del aire que le envuelve se lo debe, y también a la luz del Sol que le calienta e ilumina su camino. Y así, sabiéndose deudora de todo y dueña de nada, dar gracias por la miel, el entendimiento, la voluntad, el corazón y las alas.
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16 Noviembre 2009
La Ideología creada por Destutt de Tracy era una ciencia que pretendía ser la ciencia a cuya luz se ordenara la legislación, la enseñanza, la economía, las otras ciencias y toda la actividad social. Es decir, una ciencia fundamental, de los fundamentos últimos de la realidad. Lo suyo hubiera sido llamarla metafísica, pero Destutt de Tracy evitó ese nombre por las asociaciones espirituales o religiosas que podía conllevar. Esa ciencia justificaba el orden que se pretendía establecer en las otras ciencias y orientaba las decisiones que se debían tomar para la construcción de la República Francesa.
Napoleón, sin embargo, vio en esa "ciencia" una "métaphysique abstraite, nébuleuse, incapable de saisir le sens du réel". Mas sus críticas no solamente se dirigieron a esa ciencia, sino también a los ideólogos, a quienes llamó "charlatanes" y "espíritus falsos".
Ciertamente, los ideólogos no eran meros especuladores intelectuales o investigadores, sino miembros activos de una sociedad agitada a la que pretendían guiar. Ellos estaban presentes en las reformas legislativas, educativas y administrativas que siguieron a la Revolución Francesa.
De Napoleón arrancan las connotaciones despectivas asociadas al término ideología. La ideología se opone a ciencia o verdad en tanto que opinión privada construida más o menos artificialmente. Su plural, ideologías, deja ver mejor su naturaleza, que no es otra que la de opinión o forma de pensar particular.
Napoleón los llamó también "ateos y republicanos". Cultivados y familiarizados con el espíritu de las Luces, aquellos ilustrados consideraban solamente como verdadero aquello que se ajustaba a los parámetros de la razón humana. Como los contenidos de la religión no se ajustaban a esos parámetros, se concluía que la religión era falsa o que era cosa del mero sentimiento.
Pero, ¿qué era lo falso en esos espíritus?
Los ideólogos seguían creyendo en la verdad. Se rechazaba la religión en nombre de la razón, la cual se manifestaba en la ciencia, en aquel conocimiento positivo de las cosas. Era esa razón y las ciencias por ella descubiertas las que debían de servir de faro al ser humano.
La exigencia de verdad requería de una ciencia que diera cuenta de esa razón, fundamento de todo conocimiento humano. Y a esa ciencia se le pedía ser positiva, como al resto de las ciencias. Cuando Destutt de Tracy decía que la Ideología era una parte de la Zoología, se estaba refiriendo, en primer lugar, a que debemos analizar nuestra facultad de pensar como analizaríamos una planta, un animal o un mineral. Esta cuestión metodológica presuponía una posición ontológica, la del materialismo, que les llevaba a buscar la génesis de hecho de nuestras representaciones mentales o ideas en la fisiología, en la sensación y el movimiento, o lo que era igual, en el nervio y el músculo.
Con esta posición se caía en la contradicción de pedir a una ciencia particular y sujeta a la contingencia de los hechos las características de fundamento universal y absoluto que solamente podría tener una ciencia que se desarrollara en un plano superior. Sin embargo, esas características se le atribuían, no ya como resultado de ningún conocimiento, sino como afirmación del deseo.
Esa distancia entre el conocimiento obtenido (real o ficticio) y el deseo es la que indica la naturaleza de la ideología: es opinión y no verdad. Pero no opinión cualquiera, sino opinión que no se reconoce a sí misma como tal. La ideología hace falso al espíritu porque no es lo que dice ser, sino otra cosa. Dice ser la verdad a partir de la cual se explican todas las cosas, pero en realidad es opinión. Opinión imposibilitada de alcanzar la verdad, que es por definición universal, porque el propio elaborador de esa ciencia queda fuera de ella. Algo semejante a lo que ocurre con el que afirma que "no debemos fiarnos de nadie", lo cual implicaría no fiarnos de quien lo dice ni de su afirmación. Si, como afirma Destutt de Tracy, pensar es sentir, eso será también su pensamiento. Y en tanto que sentimiento no podrá alcanzar esa universalidad propia de la verdad.
Esa ocultación del sujeto es al mismo tiempo ocultación de sus intereses. Ocultación que es en el fondo disimulo, pues los demás bien pueden ver en su conducta lo que le mueve, que no es otra cosa que alguna forma de poder social.
Esta es la primera de las inversiones que se da en la conciencia ideológica: la verdad está al servicio de los intereses o tendencias. Ese servicio consiste en dar forma razonable a esos intereses. La razón se transforma en racionalización, la cual cuanto más perfecta es, más inconsciente deviene.
Ahora bien, es la presencia de otras formas de pensar la que pone de manifiesto ese carácter subjetivo de su pensamiento que no desea para sí, pues mantiene su lucha por la objetividad. De ahí que se precise ganar para sí las formas de pensar distintas. Se hace necesario transformar la sociedad para ajustarla a la propia construcción dada como verdadera por definición. Por eso le es a la ideología inherente ser militante. Necesita adeptos en el poder que se sumen a la labor de transformación de las mentes y las instituciones de acuerdo con la ideología y mentes receptivas que acojan de buena gana esos cambios.
Siendo la ideología una concepción [= algo elaborado subjetivamente] del hombre y su mundo es propio de ella ser algo construido, inventado. Como todo invento, representa una novedad, la formación de algo que no había antes. En tanto que invento, lleva implícito el descubrimiento de ciertas relaciones, ciertas propiedades de los materiales que lo componen, etc. Es una creación humana, pero no una creación de la nada. Por eso establece una novedad, aunque relativa.
En lo que tiene de novedad, la ideología rompe con la historia. Su aval no es el pasado del que viene, sino el futuro que promete. Es un pensamiento esencialmente proyectivo y centra sus esfuerzos en las estrategias que le lleven a la conquista de ese futuro. La realidad innegable de lo que ha sido y que nutre el presente es negada y substituida por una realidad que todavía no es, pero que se presenta como incuestionable.
La ruptura que la ideología establece con el pasado, que es historia del error, y con la realidad, que es la que debe adaptarse a sus ideas, le permite a la ideología una gran simplificación de los problemas reales y sus respuestas pueden fácilmente transformarse en tópicos de consumo colectivo. Y eso resulta de gran utilidad para la vertiente política de la ideología.
Opinión vivida como verdad universal, deseo tenido por razón, racionalización considera ciencia, dominio social visto como salvación, pérdida de identidad como superación de prejuicios... Todo esto son elementos que configuran la conciencia ideológica, haciendo de ella una falsa conciencia, que al ser propia de un cierto colectivo le impide ver su carácter subjetivo y limitado.
Corolarios.
1. Las ideologías tienden a diversificarse y de los cascotes de las ruinas de una se forman otras, cada vez más endebles, pero más atrevidas.
2. En las sociedades llamadas líquidas la necesidad de racionalización es cada vez menor, y las posiciones de deseo se afirman sin necesidad de justificación.
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11 Noviembre 2009
Estos días se ha celebrado la caída del muro de Berlín. Y con él, la caída del comunismo en toda la Europa del Este. Ese acontecimiento, ahora hace veinte años, fue algo sorprendente, inesperado. Una explosión de alegría: familias, amigos, que llevaban años sin poderse ver, viviendo en la misma ciudad, ahora podían visitarse y abrazarse. Increíble. Después de tantos años, aquel muro parecía consubstancial a la ciudad, al igual que ese telón de acero que dividía a Europa. Muchos se lanzaron a derribar aquel muro vergonzoso levantado para defenderse de los "opresores del pueblo".
Recuerdo que por los tiempos del levantamiento del muro, mantenía yo correspondencia con jóvenes alemanes y austriacos a través de una revista llamada "Voces amigas". Una de aquellas personas con la que me carteaba me refirió el discurso que J. F. Kennedy pronunció en 1963 en Berlín. Y me contaba su emoción al sentir la solidaridad del presidente americano con la triste situación que ellos padecían en aquellas sus palabras de "Ich bin ein Berliner", remedo de aquella otra afirmación de San Pablo "civis romanus sum", también mencionada en ese discurso. Aquellos jóvenes, nacidos como yo recién acabada la II Guerra Mundial, llevaban la pesada carga de la derrota, el oprobio y la humillación. No sentían ningún orgullo por ser alemanes. En el holocausto las víctimas habían arrastrado consigo a los verdugos y a su pueblo. Y percibieron en aquellas palabras un ligero soplo de perdón.
El muro era una construcción artificial que dividía a los habitantes de Berlín. Como lo era el telón de acero. Y como también lo era la ideología que movía aquellas decisiones. Los bloques de hormigón levantaban el muro como los bloques de ideas encerraban un espacio convertido en laboratorio social donde experimentar con humanos. Pertenece a las ideologías su capacidad para dividir.
La caída del muro también la caída de la guerra fría, esa guerra del espionaje, la inteligencia, la propaganda, la traición, la subvención a los enemigos del enemigo. Otra forma de extender el miedo, el mejor aliado de los malvados.
Las grietas en el muro habían empezado a producirse mucho antes, en levantamientos y protestas en Berlín, Budapest, Praga... Pero el comunismo seguía avanzando en el Sudeste asiático, en África, en América. Resultaba difícil de imaginar que esa situación pudiera cambiar. Un cambio en las lógicas del enfrentamiento entre bloques, manipulaciones ideológicas y estrategias de debilitamiento del enemigo, se produjo con Juan Pablo II.
"No tengáis miedo", con ese grito universal abrió Juan Pablo II su pontificado. Un grito dirigido a los creyentes, a los que dudan y a los que no tienen fe. "No tengáis miedo a la verdad de vosotros mismos". No tener miedo a lo que el propio hombre ha creado, la guerra, las ideologías, la cultura de la muerte, la negación de la dignidad humana... Y ese grito encontró eco. Tras su visita a Polonia, en los astilleros de Gdansk, los obreros en huelga colgaban retratos del Papa. Ahora los representantes auténticos de los obreros son gente que asiste a misa, reza a la Virgen María y aclaman al Sumo Pontífice. Algo inédito.
También esto tuvo su papel en la caída del muro... Tal vez por eso Alexander Solhenitsyn dijo: "Este Papa es un don del cielo".
¿Qué esperaban los alemanes con la caída del muro?. Unos, libertad, otros prosperidad, aquellos, poder reencontrarse con sus familiares, estos, ver de nuevo a Alemania unida. Pero pasada la euforia, se encontraron que los años pasados en sistemas económicos, educativos y políticos diferentes, también los había hecho diferentes. Que los centros de decisión pasaban al oeste. Que muchos de aquellos que estaban mejor preparados, si querían dar salida a su preparación, debían trasladarse a la Alemania federal, que había dudas sobre si la reunificación había sido una unión o una anexión. Para los fuera, la caída del comunismo produjo un entusiasmo que velaba los muchos dolores que ese proceso suponía para los de dentro.
Pero el muro cayó hacia el oeste, empujado por los alemanes cansados de la opresión ideológica y la falta de libertad. Pero el fin de la historia, como predijo Francis Fukuyama, está todavía lejos de escribirse...
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29 Octubre 2009

No se puede suprimir el mal sin causarlo
La ignorancia más despreciable es la que nace de la presunción.
El orador más elocuente es el que dice la verdad.
El actuar de un ser humano es ley para otro ser humano.
Todo aquello que hacemos nos hace a nosotros.
Es una empresa vana pretender iluminar la luz con un candil.
Los perversos solamente se diferencian de los virtuosos en la perversidad. Pero ésta oculta.
Explicarla nos da la extensión de una experiencia; sentirla, su profundidad.
Todo juicio es una manifestación de presunta superioridad.
"Cómo cambian mis ideas cuando las rezo"(Bernanos).
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18 Octubre 2009
"L'Idéologie est une partie de la Zoologie,...", con estas palabras Destutt de Tracy (1754 - 1836), en el Prefacio de sus "Éléments d'idéologie", resume o ejemplifica, podríamos decir, toda una trayectoria en la constitución de la mentalidad occidental actual.
Fue Antoine-Louis-Claude, conde Destutt de Tracy, aristócrata ilustrado francés, pionero de la enseñanza secundaria laica, republicano y masón. Participó activamente en la Revolución Francesa, sobre todo desde su cargo en la segunda clase del Institut national des sciences et des arts. Este Instituto, creado en 1795 por el Comité de instrucción pública, substituyó a las Academias, las cuales estaban "gangrenées d'une incurable aristocratie". Su misión era trabajar por "l'avancement des science et des arts". Estaba organizado en tres clases: la primera era la de las ciencias físicas y matemáticas, la segunda, la de las ciencias morales y políticas, y la tercera la de literatura y bellas artes. Cada una de estas clases se dividía en diferentes secciones, de modo que entre todas abarcaban todos los campos del saber, hasta constituir una verdadera enciclopedia viviente.
La segunda clase, la encargada de las ciencias morales y políticas, fue la última en ser creada, pero se convirtió en el motor del Instituto, y respondía a la idea de lograr un desarrollo semejante al alcanzado por las ciencias físicas o matemáticas. Allí se pretendía dar la respuesta definitiva a la corriente de pensamiento iniciada en la edad moderna que creía ver en el entendimiento humano la clave para justificar teóricamente las nuevas ciencias y las nuevas tendencias sociales. Si hacemos un recuento de los títulos de las obras que ocupan a los filósofos de esta época, veremos como la mente, el entendimiento o la razón son el centro de su reflexión. Solamente a modo de ejemplo, citemos las siguientes: "Reglas para la dirección de la mente", de R. Descartes, "Tractatus de intellectus emendatione", de Spinoza, "Nuevos ensayos sobre el entendimiento humano", de Leibniz, "Ensayo sobre el entendimiento humano", de J. Locke, "Investigación sobre el entendimiento humano", de D. Hume, "Crítica de la razón pura", de I. Kant, etc.
Vemos como los títulos prácticamente se repiten y todos responden a un mismo interés: conocer la naturaleza del entendimiento humano para poder determinar sus límites y su proceder correcto en orden a tener certeza en nuestros conocimientos.
La razón de este interés por el entendimiento humano venía de la situación de la razón tras la crisis social e intelectual de la cristiandad en el siglo XIV. En el orden intelectual esa crisis viene dada por la imposibilidad para el hombre de conocer lo Absoluto o Infinito. Conocer es vincular lo que ha de ser conocido a lo ya conocido. Pero como el Infinito escapa a toda relación con lo finito, que es de lo que tenemos evidencia inmediata, el Infinito escapa a todo conocimiento. De Él solamente sabemos por la fe en la revelación. Ahora bien, no sabiendo el hombre nada de lo Infinito por la razón, tampoco esa razón puede saber en el fondo nada de lo finito ya que le resulta inaccesible su causa última. El mundo en el que lo único real son los seres individuales resulta así irracional.
Ahora bien, el problema se planteaba sobre la base de la vinculación de los entes finitos con el infinito. Pero el problema era otro si se ambas esferas se desvinculaban. Dicho de otro modo: si fe y razón se afirmaban como dos esferas totalmente independientes. Fue la obra de Guillermo de Ockam, en el siglo XIV.
Ahora lo finito, el mundo de la naturaleza y del hombre, queda afirmado con un valor propio y debe ser comprendido en sí mismo. Del Infinito o de Dios no hay más noticia que la que nos pueda dar el mundo considerado como revelación de Dios (explicatio Dei). Pero esto también significa que hay que buscar una constitución, un fundamento que justifique ese conocimiento finito y haga dé cuenta de su certeza.
Dos caminos se abren en la búsqueda de esa justificación: el que muestre la necesidad lógica de los conocimientos y el que se limite a mostrar cómo son de hecho los conocimientos humanos. En el primer caso se busca el fundamento metafísico del conocimiento y en el otro el fundamento genético. El uno deja abierto el tema de Dios como objeto de conocimiento, en tanto que el otro lo impide, relegándolo al campo de la subjetividad. Son las corrientes de racionalismo e empirismo con que se conocen esos dos caminos. Será el empirismo el que mejor se ajuste a las aspiraciones de autonomía y progreso de la época.
Es esa corriente de pensamiento empirista e ilustrada la que nutre (o enturbia) la visión de Destutt de Tracy y quienes forman la segunda clase del Institut national des sciences et des arts, en particular los de la sección de "Análisis de las sensaciones y de las ideas". En el seno de esa sección es donde Destutt de Tracy pronunció por primera vez la palabra Ideología en la presentación de su Memoria sobre la facultad de pensar.
La ideología se presentaba como una nueva ciencia, la ciencia de la génesis, la clasificación y análisis de las ideas. Esta ciencia pretendía haber conseguido en el campo de las ciencias morales lo que se había conseguido en el campo de las ciencias físicas. En la Memoria mencionada Destutt de Tracy establece un paralelismo entre esta ciencia y el camino recorrido por la ciencia astronómica, afirmando que Locke venía a ser el Copérnico de esta nueva ciencia y Condillac su Kepler. Esto permite deducir que él se consideraba su Newton.
En cualquier caso, con la afirmación de que la ideología es una parte de la zoología, lo que se pretende es presentar esta materia como algo que alcanza la objetividad y los métodos de las ciencias naturales. Partiendo del supuesto de que todos nuestros contenidos mentales proceden de percepciones, esta ciencia trata de cómo esos contenidos se relacionan entre sí y se fijan mediante signos lingüísticos. Es decir, trata la ciencia ideológica de cómo se forman, se deducen y se expresan las ideas. Todo esto lo fue sistematizando en la obra de Destutt de Tracy "Eléments d'Idéologie", obra destinada a ser enseñada en las escuela centrales (escuelas de enseñanza media) creadas por el Directorio y que proporcionaría una base sólida para el estudio de las ciencias morales y políticas.
Con la creación de esta nueva ciencia se proporcionaba un criterio para decidir qué ciencias eran las verdaderas y cuáles, no.
Sin embargo, tras la nueva ciencia se ocultaban elementos no científicos que mostraban la verdadera naturaleza de esa ciencia. En primer lugar, aunque se decía ser una "parte de la zoología", reivindicaba para sí la condición de ser "el todo". Desde el punto genealógico, la ideología es la ciencia primera, ya que todas las otras emanan de ella. Algo así como una naturalización de la filosofía primera de Aristóteles, conocida como metafísica, término que rechazó Destutt de Tracy.
Por supuesto, esa ciencia que investiga la génesis fisiológica de nuestras ideas, reduciendo el pensar a sentir, no nos hablará de la génesis fisiológica de la ideología, la cual es la metafísica que se niega, pero ahora como puro materialismo.
Además, la ideología es una "ciencia" con un gran interés por lo cívico. Su estudio está llamado a ser el motor del progreso social, político y económico de la sociedad. Sus aplicaciones alcanzan a todo el género humano, pues todas las lenguas comparten unas reglas comunes, cosa que muestra el carácter común de la naturaleza intelectual humana.
Los "idéologistes", como así se autodenominaban los pensadores que se agrupaban en torno a estas ideas, pretendían modelar la sociedad mediante una educación y una legislación de acuerdo con su supuesta "ciencia ideológica", que no era otra cosa que ateísmo militante, en el que ellos se reservaban el papel de nueva autoridad espiritual. La ideología guiaba y justificaba su aspiración al poder, en parte ya logrado.
Napoleón, inicialmente amigo de ellos, vio el carácter acríticamente metafísico de esa pretendida "ciencia". Los llamó "idéologues", en sentido despectivo, para indicar el carácter nebuloso de su metafísica, en la que sus meras opiniones pretendían imponerse como emanadas de una verdad científica.
Pero a pesar de su craso materialismo y limitación intelectual, la ideología pertenece al horizonte de la mentalidad moderna, en la que el logos se hace opinión y la opinión, propaganda.
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1 Octubre 2009

Altissimu, onnipotente bon Signore,
Tue so' le laude, la gloria e l'honore et onne benedictione.
Ad Te solo, Altissimo, se konfano,
et nullu homo ène dignu te mentovare.
Altísimo y omnipotente buen Señor,
tuyas son las alabanzas,
la gloria y el honor y toda bendición.
A ti solo, Altísimo, te convienen
y ningún hombre es digno de nombrarte
Laudato sie, mi' Signore cum tucte le Tue creature,
spetialmente messor lo frate Sole,
lo qual è iorno, et allumini noi per lui.
Et ellu è bellu e radiante cum grande splendore:
de Te, Altissimo, porta significatione.
Alabado seas, mi Señor,
en todas tus criaturas,
especialmente en el Señor hermano sol,
por quien nos das el día y nos iluminas.
Y es bello y radiante con gran esplendor, de ti, Altísimo, lleva significación.

Laudato si', mi Signore, per sora Luna e le stelle:
in celu l'ài formate clarite et pretiose et belle.
Alabado seas, mi Señor, por la hermana luna y las estrellas, en el cielo las formaste claras y preciosas y bellas.

Laudato si', mi' Signore, per frate Vento
et per aere et nubilo et sereno et onne tempo,
per lo quale, a le Tue creature dài sustentamento
Alabado seas, mi Señor, por el hermano viento
y por el aire y la nube y el cielo sereno y todo tiempo,
por todos ellos a tus criaturas das sustento.

Laudato si', mi Signore, per sor'Acqua.
la quale è multo utile et humile et pretiosa et casta.
Loado seas, mi Señor, por la hermana agua,
la cual es muy útil, y humilde, y preciosa, y casta.

Laudato si', mi Signore, per frate Focu,
per lo quale ennallumini la nocte:
ed ello è bello et iocundo et robustoso et forte.
Alabado seas, mi Señor, por el hermano fuego, por el cual iluminas la noche, y es bello y alegre y vigoroso y fuerte.
Laudato si', mi Signore, per sora nostra matre Terra,
la quale ne sustenta et governa,
et produce diversi fructi con coloriti fior et herba.
Alabado seas, mi Señor,
por la hermana nuestra madre tierra,
la cual nos sostiene y gobierna
y produce diversos frutos con coloridas flores y hierbas.

Laudato si', mi Signore, per quelli che perdonano per lo Tuo amore
et sostengono infrmitate et tribulatione.
Beati quelli ke 'l sosterranno in pace,
ka da Te, Altissimo, sirano incoronati
Alabado seas, mi Señor,
por aquellos que perdonan por tu amor,
y sufren enfermedad y tribulación; bienaventurados los que las sufran en paz, porque de ti, Altísimo, coronados serán.
Laudato s' mi Signore, per sora nostra Morte corporale,

da la quale nullu homo vivente pò skappare:
guai a quelli ke morrano ne le peccata mortali;
beati quelli ke trovarà ne le Tue sanctissime voluntati,
ka la morte secunda no 'l farrà male.
Laudate et benedicete mi Signore et rengratiate
e serviateli cum grande humilitate
Alabado seas, mi Señor,
por nuestra hermana muerte corporal,
de la cual ningún hombre viviente puede escapar.
Ay de aquellos que mueran
en pecado mortal.
Bienaventurados a los que encontrará
en tu santísima voluntad
porque la muerte segunda no les hará mal.
Alaben y bendigan a mi Señor
y denle gracias y sírvanle con gran humildad.
Esta oración también se la conoce como Himno al hermano Sol. Así parece que la llamó el propio Francisco de Asís, muy amante del Sol y el fuego, como hombre de luz que era.
Otros la llaman Himno de la hermana muerte, por la situación física de Francisco en el momento de proferirla: desangrado por los estigmas, casi ciego, enfermo del hígado, desnutrido... Pero internamente muy fuerte.
Muy probablemente la compuso en San Damián, allá por el 1226.
Es muy bella. Vale la pena recitarla lenta y recogidamente...
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23 Septiembre 2009
La filosofía va asociada al pensamiento. Pero si nos preguntan "qué es pensar", puede que nos desconcertemos y encontremos dificultades para responder con precisión a tan insólita pregunta. Por otro lado, todo el mundo parece saber eso, por lo que no es necesario pararse demasiado en esa cuestión. Sin embargo, son muchas las ocasiones las que nos solicitan "pararse a pensar", de modo que la consideración de esa actividad, aunque solamente sea de vez en cuando, puede ayudarnos a esclarecer un poco el carácter de esa "parada".
El Manuel García Morente (1886 - 1942), maestro ejemplar de filosofía, abordó este tema en un articulito publicado en el número 114 de la Revista de Pedagogía (1931) y recogido en su obra "Escritos pedagógicos" (Madrid, 1975). Y tomó como apoyo para su reflexión y exposición el modo en que algunos artistas, escultores, han tratado de plasmar la actividad del pensamiento. Son el Pensador, de Rodin, el Pensieroso, de Miguel Ángel y el Doncel de Sigüenza, obra anónima atribuida al maestro Sebastián de Toledo.
El Pensador de Rodin, musculoso, concentrado, en tensión, con todas las energías canalizadas hacia la frente, nos muestra a alguien en pleno esfuerzo mental. Piensa en algo, indudablemente, pero aunque no podamos saber en qué exactamente, sí sabemos en qué no piensa. Su meditabunda postura y recogimiento nos indica que se halla ante un problema. Está preocupado, esperando el momento en que, por fin, encuentre la solución y pueda actuar. No está pensando en temas alejados de la vida inmediata, como las propiedades del triángulo o la providencia divina. Inquiere la solución de un problema que la vida le ha planteado.
Asocia García Morente el Pensado de Rodin con la que él llama inteligencia práctica o activa, con la inteligencia como capacidad para la resolución de problemas, capacidad común a los hombres y animales. Por supuesto, esa capacidad es infinitamente superior en el hombre, pero se trata de una diferencia de grado, no cualitativa. No hay una diferencia esencial entre el chimpancé que resuelve como conseguir un plátano fuera de la jaula sirviéndose de un palo y los inventos de Edison. Bueno, eso decía García Morente.
Y consideraba que el pensamiento es otra cosa. En qué consista esa otra cosa lo intenta aclarar a partir de esas otras dos esculturas que bien pueden representar eso que genéricamente llamamos pensamiento.
Vayamos, pues, al Pensieroso de Miguel Ángel. Esta soberbia
escultura representa a Lorenzo de Médicis en una actitud relajada, sentado, cómodamente descansando, con la mirada vaga, un poco perdida. ¿En qué piensa? Pues no sabemos bien en qué, pues por su mirada no parece que su pensamiento esté ocupado en ningún objeto interno o externo; tampoco en ningún problema acuciante o inminente. Su mirar laxo parece más bien indicar que su pensamiento parece abandonado a las imágenes que espontáneamente van apareciendo en su mente. Como dice García Morente, "por ella van sucediéndose en encantador tropel los recuerdos, las ilusiones, los deseos, los amores, las penas, toda la fauna brillante de la selva del alma".
En definitiva, es esa actitud de ensimismamiento en la que cuando nos preguntan que en qué pensamos, solemos responder que "en nada", pues hay de todo y nada en concreto. Se trata de una figura que bien puede representar al pensativo, al meditabundo, la ensoñación, pero en ningún caso al pensador.
Si la tensión y concentración de la escultura de Rodin puede representar el pensamiento activo que antecede a la acción, el Pensieroso es el pensamiento descansando de la acción.
Y entonces, ¿qué es el pensamiento? ¿Cómo simbolizarlo plásticamente?.García Morente empezará por decirnos a lo que más se parece eso que llamamos pensamiento. Y considera él que a lo que más se parece el pensamiento es a eso que llamamos ver o, mejor aún, mirar, que es un ver con voluntad, voluntad de ver. ¿Ver, qué? Ver aquello en que realmente consiste lo mirado. En definitiva, contemplación o lo que los griegos llamaban teoría.
Así considerado el pensamiento, podemos definirlo como intuición de las esencias. La inteligencia, los métodos, la atención, etc. serán instrumentos utilísimos para lograr esa intuición, pero no son ella.
Y siendo el pensamiento un ver, éste se constituye necesariamente en el diálogo. Pues tanto si se trata de ver una cosa visible para los ojos de la cara, como un árbol, o no visible para esos ojos, como la justicia, cada uno puede ver aspectos de esa cosa que se le escapan al otro. En el intercambio de lo visto, la visión va agudizándose y enriqueciendo.
Y, añadimos, en el diálogo la distancia entre el parecer y el ser se va acortando, pues el que algo no sea lo que parece solamente indica que nuestra visión no era suficientemente precisa. Si algo en todos sus pormenores pareciera oro, sería entonces oro.
En el diálogo el pensamiento se modula, se enriquece y se construye. En ese diálogo el árbitro, la norma, es la referencia al objeto. Y eso marca el ritmo del pensamiento: "lo esencial del pensamiento consistirá en ver si los pensamientos son o no efectivamente del objeto (son o no verdaderos)".
Este carácter dialogante del pensamiento es lo que marca su diferencia con la inteligencia y la ensoñación. La ensoñación es necesariamente monólogo y solamente se puede dar aislado o aislándose. A la que alguien entra en contacto con nosotros, el vagabundeo mental se retira. La inteligencia también funciona en monólogo. Ella está centrada en el yo que se ha planteado un problema; ese es su punto de referencia. Ciertamente los otros pueden ayudarme a encontrar la solución a ese problema, pero su presencia o participación aparecen siempre como algo externo a ese yo. A la inteligencia pueden venirle muy bien las ayudas, pueden serle imprescindibles, pero ella es esencialmente monológica.
El pensamiento, sin embargo, no se enfrenta a un problema ni a nada que necesite ser resuelto. Simplemente contempla algo para que hable, para que diga algo de sí. De ahí la íntima unión del pensamiento con el habla. No podemos pensar sin palabras. Y es a través del entramado de las palabras que nos intercambiamos como las cosas van desenvolviendo su panorámica riqueza. Por eso el pensamiento es dialógico. Hasta cuando se hace en soledad, pensar es un diálogo interior, como dijo Platón.
Pensar no es ni esfuerzo ni descanso relajado. Es diálogo.
Lo que el pensamiento es está, parece ser, mejor representado por esa estatua yacente del Doncel de Sigüenza, Don Martín Vázquez de Arce, muerto a los 25 años por las espadas moras en la guerra de Granada, en 1486. Se trata de un cruzado (así lo indican las piernas cruzadas) tendido sobre su propia tumba, con un libro abierto en las manos, una biblia o tal vez un libro de las horas. Pero no duerme ni reposa, sencillamente piensa. Todo en esta figura es diálogo: el detalle del libro que lo pone en comunicación con todos los pensamientos que hay en él, la cabeza levantada, apartada de la lectura, los ojos entornados y la leve y enigmática sonrisa nos indican su meditación sobre el misterio de la muerte, meditación serena de quien sabe que ha muerto por defender su fe. Por eso sobre la horizontal de un cuerpo yacente, el se eleva serenamente en la esperanza de la resurrección.
En ese gesto de pensamiento, el Doncel está en comunicación con el mundo todo y con otros espíritus afines, asistiendo al espectáculo de las cosas ya sin otro ánimo que el de conocerlas. Por eso, y sin pretenderlo, puede esta escultura ser una mejor representación de eso que llamamos pensar.
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17 Septiembre 2009
Estos días está siendo noticia la situación de la prostitución en Barcelona y otras ciudades españolas. El hecho no es nuevo, pero la aparición de unas imágenes de ejercicio del sexo en plena calle en Barcelona, junto con las protestas de los vecinos que, cansados de la pasividad de las autoridades, han decidido salir a la calle, ha tenido como efecto que el hecho haya pasado a ser noticia, que es tanto como decir, a la realidad. Y eso permite oír algunas cosas sobre esa realidad a los políticos, que, normalmente, viven lejos de donde todo eso ocurre.
Desde luego, sin esas imágenes escandalosamente impactantes y sin la movilización de los vecinos, nada de eso habría llegado a ese espacio llamado "opinión pública" ni nada se hubiera oído al respecto. Con un poco de imaginación, podemos suponer el calvario que supone para las personas comunes el tener que criar a sus hijos en un barrio como el Raval de Barcelona, respirando la atmósfera sórdida que emana de la prostitución, sean drogas, delincuencia y otras prostituciones.
Para ver hasta qué punto ha llegado esa situación se puede consultar la página www.forumlibertas.com, por ejemplo. Por supuesto, hay otras.
Mi interés se va centrar en algunas expresiones oídas a políticos y que me llaman la atención por lo que tienen de manifestación de una mentalidad. Y cuando digo "mentalidad" me estoy refiriendo a una "forma de pensar" en la que ciertos supuestos quedan en la penumbra, aunque condicionan el análisis y respuesta a esa situación. En ocasiones es más importante prestar más atención a lo que esos políticos dicen que a lo que se hacen, pues lo que se dice suele tener mayores consecuencias y a más largo plazo. Si un padre ve que su hijo substrae una cosa a un compañero, tal vez no tenga más importancia que un acto pasajero, pero si le oye decir que robar no es nada malo, ese padre debería empezar a preocuparse.
Pues bien, una de las declaraciones oídas fue la siguiente: "Habrá que establecer una regulación que haga compatible esa actividad ancestral con el uso del espacio público por parte de todos". Es una afirmación hecha dentro de una entrevista televisiva a un influyente político.
De entrada me llamaba la atención el cuidado en evitar la palabra "prostitución"; en su lugar aparecían las de "oficio más antiguo", "actividad ancestral" y otras por el estilo. Supongo que se intentaba huir de entrar en un terreno que compete a la moral. Y la idea subyacente de es "algo que ha existido siempre" le da un carácter de "inevitable" y "así son las cosas" o "no hay para tanto", "o es una actividad como cualquier otra". No se le ocurrió pensar que tal vez su antigüedad nos habla de lo muy antiguo que viene la desconsideración a la persona de la mujer, y que es un "oficio" en el que caen las que no tienen ninguno y suelen ser víctimas de redes de trata de blancas y otros rufianes.
Por lo visto no se le pasó por la cabeza que también el robo, el crimen o la corrupción son también muy antiguos, pero eso no excusa de que cada generación tenga que ver como lucha contra esas lacras, y que hay actividades que degradan evidentemente a quienes las practican.
Pero para esa forma de pensar se trata de un problema de "regulación", de evitar que su práctica moleste a otros vecinos. Para esa mentalidad, la vida pública ya no es la concreción de una empresa que apunta a alguna finalidad considerada un bien, sino mera "convivencia". La regulación asegura la permanencia de lo que hay, procurando evitar los conflictos. Pues de haber empresa, ya no todas las actividades serían iguales, ya que las habría buenas o malas, mejores o peores, de acuerdo con esa finalidad.
Otra declaración oída estos días ha sido la que ve en la prostitución una "realidad muy compleja". Se trata de una expresión muy sólita, tanto que podríamos afirmar que vivimos en la época de la complejidad. Todo es muy complejo. Y es cierto. Cualquier realidad que consideremos, hasta una piedra, si buscamos una explicación de ella, nos muestra una gran complejidad para nuestro entendimiento. En la medida que una explicación es la reducción de un fenómeno a sus causas, determinar los elementos simples que generan esa realidad es una tarea larga y de difícil análisis.
Pero si se trata de formarse una opinión sobre la bondad o maldad de una situación como la que tratamos, eso no tiene porqué ser tan complejo y difícil. Pues el juicio moral de una conducta no es algo que dependa estrictamente de un conocimiento. De ser así, las personas de pocos estudios serían menos aptas para captar el bien o el mal, lo cual no es el caso. La experiencia nos muestra con frecuencia como personas de poca formación son exquisitas en cuanto a la percepción de lo que está bien o mal, y no se equivocan respecto de lo justo o injusto, honesto o deshonesto.
Saber las causas que llevan al crimen o el robo puede ser complicado, pero darse cuenta que son cosas malas no lo es tanto. Estaremos de acuerdo que en una clase, por ejemplo, no podemos exigir a todos los alumnos que sean excelentes en matemáticas o historia, pero sí que sean honrados o respetuosos con sus compañeros. Eso parece estar al alcance de todos.
Ahora hay una especie de resistencia a hacer juicios morales, tal vez por reacción a un abuso de la moral o por incompatibilidad con el relativismo dominante. Pero la moral acompaña inevitablemente a toda conducta humana, y el tratar de esquivar esos juicios solamente conduce a hacerlos, pero malos.
Aceptar que no se puede obviar la moral y que se trata de una práctica contraria a la dignidad humana ayudaría a examinar autocríticamente la actividad política, las leyes elaboradas y la intelectualidad dominante al respecto. Ayudaría a orientar las acciones encaminadas a mejorar la situación de las personas atrapadas en ese mundo.
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servido por metanoia
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