Diógenes Laercio (s III dC), en su obra “Vidas, opiniones y sentencias de los filósofos más ilustres”, recoge una serie de sentencias que se atribuían a Tales de Mileto. Decía:

“De los seres, el más antiguo es Dios, por ser ingénito; el más hermoso es el mundo, por ser obra de Dios; el más grande es el espacio porque lo encierra todo; el más veloz es el entendimiento, porque corre por todo; el más fuerte es la necesidad, porque todo lo vence; el más sabio es el tiempo, porque todo lo descubre”.

Y añade:

“Preguntado (Tales) qué cosa es difícil, respondió: “El conocerse a sí mismo”. Y también qué cosa es fácil, dijo: “dar consejos a otros”. ¿Qué cosa es suavísima “Conseguir lo que se desea”. ¿Qué cosa es Dios? “Lo que no tiene ni principio ni fin”. ¿Qué cosa vemos raras veces? “Un tirano viejo”. ¿Cómo sufrirá uno más fácilmente los infortunios? “Viendo a sus enemigos peor tratados por la fortuna”. ¿Cómo viviremos mejor y más santamente? “No cometiendo lo que reprendemos en otros”. ¿Quién es feliz? “El sano de cuerpo, abundante en riquezas y dotado de entendimiento”.

Decía Tales que “nos debemos acordar de los amigos ausentes tanto como de los presentes. Que no el hermosear el exterior es cosa loable, sino el adornar el espíritu con las ciencias”.

“No te enriquezcas —decía también— con injusticias; ni publiques secreto que se te ha fiado. El bien que hicieres a tus padres, espéralo de tus hijos”.

Poco sabemos de Diógenes Laercio. Ocupado en dejar memoria de la vida de los filósofos antiguos, olvidó dejar de la suya. Pero su obra, entretenida y poco rigurosa, puede ayudar a interesarse por aquellos autores que fueron construyendo las bases del pensamiento occidental.