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METANOIA

El blog de José Luís Samper

19 Agosto 2010

PASAR PÁGINA…

Hay personas que defienden la necesidad de "pasar página en la vida", de dejar atrás aquellas experiencias inevitablemente transcurridas, de cerrar aquellos capítulos de la vida ya acabados. Y diciendo esto podemos pensar en la muerte de algún ser querido, el matrimonio que naufrago, el trabajo o el negocio que se perdió, la traición por parte de alguien que creíamos amigo o aquel deseo que no pudo realizarse. Son tantas las cosas a que puede asociarse esta idea de "cerrar" esa puerta que, abierta, nos ata al pasado...

Se trata de la idea que concibe la vida como una serie de etapas que hay que ir pasando, sin empeñarse en retenerlas, pues eso es una fuente de infelicidad. Quedarse dándole vueltas a las cosas, entretenido en los porqués, empeñado en buscar una explicación a lo sucedido solamente conduce a desgaste físico inútil. Lo pasado es pasado. Todo en la vida apunta a seguir adelante, a ir concluyendo etapas.

Esta idea de "pasar página" se suele completar con esta otra de "vivir el presente", del carpe diem epicúreo.  Solamente el presente es real y solamente en el presente podemos encontrar la felicidad. Pues de lo que se trata es de eso, de ser feliz, de gozar de lo que la vida nos trae.

Algunos, tratando de dar grosor a estas ideas, las apoyan filosóficamente en aquello dudosamente de Heráclito del "todo fluye" (panta rei). Es una experiencia común que todas las cosas están sometidas al cambio, pero el nudo hecho en sí no fundamenta nada, aunque sí necesita ser fundamentado.

También se puede recurrir a citas bíblicas para dar fuerza a esta visión, como puede ser lo que nos dice el Eclesiastés (3, 1) de que hay un tiempo para cada cosa, o San Pablo en Filipenses 3, 13-14 acerca de olvidar el pasado.

En realidad, en lo que yo conozco, esas llamadas filosóficas o teológicas son más ilustraciones o adornos que fundamentos para esas ideas.

Esos consejos que nos invitan a desprendernos del pasado, cerrar capítulos de nuestra vida ya pasados e inevitables, van orientados a superar los sentimientos de rencor, de frustración y amargura que acompañan a nuestros fracasos. Intentan ofrecernos una ayuda psicológica a quienes se encuentran bloqueados en experiencias negativas del pasado o sujetos a la añoranza de algo que definitivamente dejó de ser. No sé hasta qué punto lo consiguen. Creo que fabricar consejos no debe ser muy difícil cuando tantos se creen capacitados para hacerlo. Pero es muy probable que la intención sea buena, por lo que son de agradecer.

No obstante, creo que vale la pena detenerse en la consideración de los pensamientos que acompañan a esos consejos para que no se nos vaya en la limpieza de ese pasado no solamente la suciedad, sino también la prenda que intentamos lavar.

Las imágenes utilizadas en estos consejos, "página", "capítulo", "etapa", "pasar", "cerrar", etc. nos muestran una concepción de las cosas que fácilmente puede olvidar que la página es página unida a otras, que los capítulos son capítulos de un libro, que las etapas son etapas en relación a una meta, etc. ¿Y que podría significar el presente, si no tenemos ante nuestro ojos el pasado y el futuro? ¿Acaso no són ellos los que hacen posible el presente?

Esto significa que sin las otras páginas, sin el libro o sin la meta, la página deja de ser página, el capítulo, capítulo y la etapa, etapa. Y con esto se significa, entre otras cosas, que el reto está en ver como la página vivida se incorpora a la página actual, el capítulo anterior, al empezado, la etapa a la meta, y el presente incorpora el pasado y se proyecta al futuro. Creo que es así como el vivir va mostrando su substancia, aquello que subyace en lo pasajero y muestra su aspecto permanente. Sin esa relación de lo que pasa con lo que permanece se corre el riesgo de una existencia insubstancial en la que las cosas pasan en "vano". De ahí esa afirmación del Eclesiastés de "vanidad de vanidades, y todo vanidad" (Ec.1,2). A esa conclusión podría llegarse si se cree que nada merece ser retenido.

Sin embargo, ese libro del Eclesiastés que comienza con ese desengaño que invita a la despreocupación por todo aquello que pasa y nos retiene, termina con estas palabras: "Honra a Dios y cumple sus mandamientos, porque ese es el todo del hombre. Dios nos pedirá cuentas de cada uno de nuestros actos, sean buenos o malos, y aunque los hayamos hecho en secreto" (Ec. 12, 13-14).

Pienso que ese principio y ese final nos indican lo mismo visto desde la temporalidad del hombre y la eternidad de Dios. Lo que el hombre da al mundo poco o nada es, pero lo que debe a Dios lo es todo. Desde esta perspectiva, el "pasar páginas" es una invitación a desprenderse del rencor o frustración que puede acompañar a ciertas vivencias, para quedarse con lo que en ellas hubo de bello y verdadero y, consiguientemente, de eterno. Creo que es así como se van consiguiendo los materiales para una vida única, y por única, preciosa, que progresivamente se va enriqueciendo y ampliando horizontes.

Para que el presente pueda ser aprovechado se requiere de una meta hacia la que se dirige y que permite decidir si es aprovechado o no. Será aprovechado si no acerca a esa meta, y no aprovechado si nos aleja de ella. Y hay metas que yo me propongo, me creo, que se logran o no. Pero no dejan de ser metas volantes que no deciden nada. Pero hay una meta que me viene impuesta por ser persona; justamente ser eso que soy, persona. Las metas volantes que yo me creo son más o menos arbitrarias, compartidas por unos y no por otros, posibles para unos e imposibles para otros. Por eso son metas no exigibles a todos. Pero la meta de ser persona, obliga a todos. Y eso hace que podamos conocer grandes personas socialmente poca cosa, y personas viles en puestos socialmente muy influyentes.

En ese caminar hacia ser persona forma parte asumir e integrar en uno todo lo vivido, liberado del mal que le acompaña, reconciliados en el perdón de las deudas.

Aunque no está en nuestras manos decidir nuestras experiencias, algo sí podemos hacer por limpiarlas de rencores y sentimientos que impiden vestirnos limpia y dignamente con ellas. Y no cerrar capítulos, sino concluirlos, para seguir escribiendo a partir de ellos nuevos y más claros pensamientos. La página se pasa y se retiene para así mejor entender lo que transcurriendo. Nada queda atrás, sino que todo se tiene presente para aprender sus lecciones.

En la amnesia nuestra vida enflaquece. Un recuerdo puede ser doloroso, pero reconciliados con él nos ofrece una elevación desde la que mejor otear el horizonte al que nos dirigimos.

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Mi nombre es José Luís Samper. Soy un cristiano interesado en cuestiones de metafísica, ciencia, educación y todo aquello que pueda ayudarme a entender mejor el mundo actual alquiler de pisos
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